Hay días en que la empresa avanza, pero usted siente que no avanzó con ella.
Existen jornadas que, vistas desde fuera, parecen haber sido completamente normales. Los clientes fueron atendidos, el equipo trabajó, las reuniones se realizaron y muchas decisiones encontraron una respuesta. La empresa avanzó.
Sin embargo, al terminar el día permanece una sensación difícil de explicar. Usted trabajó intensamente, respondió innumerables consultas y prácticamente no tuvo momentos de pausa, pero aquello que consideraba verdaderamente importante volvió a quedar pendiente.
El problema no es recordar en qué ocupó el día. El problema es no lograr explicar por qué el tiempo volvió a desaparecer.
Cuando intenta reconstruir la jornada descubre una larga sucesión de situaciones aparentemente normales: una consulta comercial que necesitaba confirmación, una excepción solicitada por un cliente, una conversación para resolver una duda operativa, una reunión que terminó dejando una decisión pendiente o una llamada que interrumpió el trabajo que estaba realizando. Ninguna de ellas parecía especialmente importante por sí sola.
Lo llamativo no es cada situación individual.
Lo llamativo es la facilidad con que muchas pequeñas decisiones terminan ocupando gran parte de una jornada completa.
Precisamente por tratarse de situaciones razonables, resulta difícil identificar un momento donde parezca comenzar el problema. La empresa continúa funcionando, las personas hacen su trabajo y la mayoría de las decisiones parecen resolverse con normalidad.
Con el tiempo esa dinámica deja incluso de llamar la atención. Muchos fundadores terminan aceptándola como una consecuencia inevitable del crecimiento o de la responsabilidad que implica dirigir una empresa.
Una sensación sorprendentemente constante
Las conversaciones cambian cada día. Los clientes también. Las decisiones nunca son exactamente las mismas. Sin embargo, la sensación con la que muchos fundadores terminan la jornada suele repetirse con una regularidad llamativa.
La pregunta que normalmente aparece al finalizar el día también resulta familiar.
¿Cómo logro encontrar tiempo para dedicarme a aquello que realmente hará avanzar la empresa?
Tal vez esa no sea todavía la pregunta correcta. Antes de buscar respuestas conviene observar con más atención qué tienen en común todas esas pequeñas situaciones que ocuparon la jornada. A veces, un fenómeno importante no se hace visible por la magnitud de los problemas que genera, sino por la naturalidad con la que logra pasar inadvertido.
Quizás las decisiones no sean el fenómeno. Quizás sólo lo estén revelando.
Cuando una jornada termina llena de consultas, reuniones e interrupciones, resulta natural concentrarse en cada una de ellas por separado. Cada situación posee un contexto distinto, involucra personas diferentes y exige una decisión particular. Todo invita a pensar que se trata de hechos independientes.
Mirarlas por separado parece completamente lógico. Después de todo, cada consulta trae su propio cliente, antecedente y urgencia.
Las decisiones pueden ser muy diferentes entre sí. Lo interesante comienza a aparecer cuando observamos el recorrido que muchas de ellas comparten antes de encontrar una respuesta.
Cambiar el punto de observación cambia las preguntas.
Mientras observamos únicamente cada decisión, buscamos explicar casos aislados. Cuando observamos el recorrido que siguen, comenzamos a descubrir patrones.
Pero si por un momento deja de mirar el contenido de cada consulta y observa sólo el camino que recorrió antes de llegar hasta usted, puede aparecer algo distinto: decisiones muy diferentes terminan atravesando trayectorias sorprendentemente parecidas.
No importa si provienen del área comercial, de operaciones, de administración o de un cliente. Lo llamativo no siempre es el origen de la consulta, sino el hecho de que muchas terminen llegando al mismo lugar para poder resolverse.
Los problemas cambian todos los días. Los recorridos suelen cambiar mucho menos.
Ese cambio modifica la pregunta. Ya no importa solamente por qué apareció cada situación, sino por qué situaciones tan distintas necesitan recorrer caminos tan parecidos antes de resolverse.
Observar antes de interpretar
En este punto todavía no sabemos qué significa ese patrón ni por qué aparece. Lo único que hemos hecho es dejar de mirar los hechos aislados para comenzar a observar la forma en que se conectan.
Ese cambio puede parecer mínimo. Sin embargo, suele marcar el momento en que una sucesión de hechos cotidianos comienza a transformarse en un fenómeno digno de ser comprendido.
Y esa comprensión comienza con una pregunta aparentemente sencilla:
¿Ese recorrido siempre estuvo allí o apareció en algún momento de la historia de la empresa?
Las empresas rara vez llegan hasta aquí haciendo las cosas mal.
Cuando comenzamos a descubrir que muchas decisiones recorren trayectorias parecidas, resulta fácil llegar a una conclusión equivocada. Si tantas situaciones terminan siguiendo el mismo camino, quizá la organización arrastra una forma de trabajar deficiente desde hace años.
Esa interpretación parece razonable, pero puede dejar fuera una parte importante de la historia. Muchas prácticas que sobreviven durante años lo hacen porque, en algún momento, ayudaron realmente a la empresa a responder, aprender y crecer.
Las fortalezas también dejan herencia.
Muchas dinámicas que hoy generan fricción fueron, durante mucho tiempo, parte de aquello que permitió a la organización responder con rapidez, aprender y consolidarse.
En las primeras etapas de una empresa resulta natural que el fundador participe en casi todas las decisiones relevantes. Conoce clientes, procesos, proyectos y antecedentes; puede conectar información con rapidez y resolver excepciones sin construir una estructura compleja para cada situación.
La forma de trabajar no nació como un problema. Fue una respuesta eficiente para una empresa mucho más pequeña y evolucionó junto con ella.
Lo que hoy comienza a llamar la atención pudo haber sido, durante años, una de las razones por las que la empresa logró crecer.
Precisamente porque funcionó bien, esa forma de trabajar pudo acompañar el crecimiento sin llamar la atención. Las personas cambiaron, los clientes aumentaron y aparecieron nuevas áreas, pero muchas consultas continuaron encontrando el mismo recorrido.
Los cambios importantes casi nunca comienzan con una decisión.
Con frecuencia aparecen de manera gradual, mientras la empresa incorpora nuevos clientes, nuevas personas y nuevas situaciones, manteniendo prácticas que fueron diseñadas para una realidad muy distinta.
Lo interesante es que, desde dentro de la organización, esa transición suele pasar inadvertida. La empresa continúa pareciendo la misma, las personas siguen haciendo bien su trabajo y el fundador responde a las situaciones exactamente como siempre lo ha hecho.
Sin embargo, llega un momento en que la empresa ya no enfrenta los mismos desafíos que hace algunos años. Las decisiones siguen pareciendo individuales, pero el contexto en el que nacen ha cambiado silenciosamente.
Lo que funcionó durante años puede empezar a exigir algo distinto.
La empresa no llegó hasta aquí haciendo las cosas mal. Durante años, que muchas decisiones terminaran en el fundador permitió responder rápido, conservar contexto y resolver situaciones que todavía no tenían una respuesta conocida. La dificultad aparece cuando la empresa crece y ese mismo recorrido debe absorber muchas más conversaciones que antes.
Una forma de trabajar puede seguir funcionando y, al mismo tiempo, empezar a quedar exigida por una empresa distinta.
Larry E. Greiner observó que las organizaciones atraviesan distintas etapas a medida que crecen y que prácticas adecuadas en una etapa pueden convertirse más adelante en fuente de nuevas tensiones.
Larry E. Greiner. Evolution and Revolution as Organizations Grow, Harvard Business Review, 1972; versión revisada, 1998.
El crecimiento cambia la carga que debe soportar el mismo recorrido.
Si las consultas siguen llegando al mismo lugar, ¿qué encuentran allí que todavía necesitan?
Las decisiones no son el fenómeno. Son la forma en que el fenómeno se hace visible.
Hasta aquí ya aparece un patrón: consultas muy distintas recorren caminos parecidos y muchas terminan llegando al fundador.
Aquí aparece una diferencia importante. Si consultas muy distintas terminan llegando al mismo lugar, quizá convenga dejar de mirar solamente qué decisión necesita cada una y comenzar a preguntar qué falta para que puedan avanzar.
Las decisiones no explican el fenómeno.
Simplemente son el lugar donde el fenómeno comienza a hacerse visible.
Henry Mintzberg estudió cómo las organizaciones dividen el trabajo y, al mismo tiempo, necesitan coordinarlo. Su aporte permite mirar más allá de quién toma la decisión final y observar también qué tuvo que conectarse para que esa decisión pudiera tomarse.
Henry Mintzberg. The Structuring of Organizations, 1979.
La pregunta cambia: en vez de contar cuántas decisiones llegan, empieza a importar qué falta antes de que la persona pueda avanzar.
La decisión final puede ocultar una parte importante del recorrido.
Antes de decidir, alguien tuvo que reunir información, antecedentes y una manera de leer la situación.
Eso permite formular una pregunta más precisa: cuando la información y las alternativas ya existen, ¿qué sigue faltando para decidir?
El fenómeno comienza a cambiar de forma.
Las decisiones dejan de ocupar el centro de la escena. Poco a poco empiezan a revelar algo mucho más profundo sobre la manera en que la organización interpreta, comparte y utiliza su conocimiento cotidiano.
La mayoría de las consultas no buscan una respuesta. Buscan un criterio.
Cuando un colaborador se acerca al fundador con una consulta, la escena parece muy sencilla. Existe una duda, aparece una pregunta y finalmente alguien entrega una respuesta. Durante años esa secuencia parece explicar perfectamente lo que ocurre.
Sin embargo, basta observar con un poco más de atención para descubrir algo interesante. Muchas veces la respuesta era conocida desde el principio. Lo que realmente generaba incertidumbre no era la información disponible, sino la forma correcta de interpretarla.
La mayor parte de las consultas no buscan datos.
Buscan una forma confiable de interpretar una situación antes de tomar una decisión.
Piense en algunas conversaciones habituales dentro de una empresa.
- "¿Hacemos una excepción con este cliente?"
- "¿Conviene aceptar este plazo?"
- "¿Hasta dónde podemos negociar este descuento?"
- "¿Cómo respondería usted en este caso?"
En muchas de ellas la información ya está disponible. La persona conoce al cliente, el proyecto, el plazo y las alternativas. Lo que todavía necesita es una forma confiable de leer ese caso antes de actuar.
Peter Drucker distinguió entre situaciones recurrentes y excepciones verdaderas. Para las primeras, planteó la necesidad de reconocer el problema general y responder desde un principio o criterio, en lugar de tratar cada aparición como un caso completamente nuevo.
Peter F. Drucker. The Effective Executive, 1967, capítulo «The Elements of Decision-Making».
Esa diferencia cambia la lectura de la consulta. Ya no parece sólo una solicitud de autorización. Puede estar mostrando que la persona todavía busca en el fundador una manera de interpretar una situación que no es obvia.
Ese criterio rara vez aparece escrito en un procedimiento. Tampoco suele encontrarse en un manual. Se construye a partir de años de experiencia, conversaciones, aciertos, errores y decisiones tomadas en contextos muy diferentes.
El fundador no responde únicamente porque conoce la respuesta. Responde porque aprendió a interpretar situaciones que la organización todavía está aprendiendo a leer.
Por esa razón dos consultas aparentemente iguales pueden terminar recibiendo respuestas distintas. No porque exista una contradicción, sino porque el contexto cambia y con él cambia también la forma de interpretar la situación.
Henry Mintzberg ha insistido en que dirigir no es solamente aplicar análisis y técnicas: también intervienen el oficio, la experiencia y el aprendizaje construido en la práctica.
Henry Mintzberg. Managers Not MBAs: A Hard Look at the Soft Practice of Managing and Management Development, 2004.
Cuando comenzamos a observar las consultas desde esta perspectiva, ocurre algo muy interesante. Las decisiones dejan de parecer el recurso más valioso que entrega el fundador. Lo verdaderamente valioso es la manera en que interpreta cada situación antes de decidir.
El verdadero recurso escaso no es la capacidad de decidir.
Es la capacidad de interpretar situaciones nuevas cuando todavía no existe una respuesta evidente.
Y quizá ahí comienza a aparecer una explicación mucho más profunda para todo lo que hemos observado hasta ahora.
Si tantas consultas llegan una y otra vez hasta la misma persona, tal vez la organización no esté buscando únicamente respuestas.
Tal vez esté intentando acceder, una y otra vez, al lugar donde ese criterio se ha ido formando durante años.
Lo más difícil no era resolver las decisiones. Era descubrir qué estaban revelando.
Cuando una consulta llega al fundador, toda la atención suele concentrarse en resolverla. El cliente espera una respuesta, el equipo necesita continuar su trabajo y el tiempo siempre parece escaso. En ese contexto, resulta completamente natural enfocarse en la decisión y no en aquello que la decisión está mostrando.
Eso ayuda a explicar por qué el patrón puede permanecer invisible durante años: cada consulta exige una respuesta ahora, mientras que el recorrido común sólo aparece cuando varias se observan juntas.
Las organizaciones rara vez tienen tiempo para observar los patrones mientras están ocupadas resolviéndolos.
Cada consulta parece distinta: cambian las personas, los clientes y las circunstancias. Mientras se resuelve una por una, resulta difícil notar que muchas terminan necesitando lo mismo.
Daniel Kahneman describió la atención como un recurso limitado y mostró que las actividades exigentes compiten por ella. En una jornada ocupada resolviendo consultas, esa limitación ayuda a comprender por qué puede resultar difícil observar, al mismo tiempo, el patrón que varias consultas comparten.
Daniel Kahneman. Thinking, Fast and Slow, 2011.
No hace falta que el patrón esté escondido. Basta con que la empresa esté ocupada resolviendo situaciones reales durante todo el día.
Peter Senge distinguió entre explicar una situación por sus acontecimientos visibles y observar patrones y estructuras que se repiten en el tiempo. Esa distinción permite mirar el recorrido compartido por las consultas, no sólo cada episodio por separado.
Peter M. Senge. The Fifth Discipline, 1990.
Resolver y observar son trabajos distintos.
Mientras la atención está puesta en responder la consulta actual, el recorrido que varias consultas comparten puede seguir pasando inadvertido.
Cuando ese recorrido finalmente se hace visible, la pregunta deja de ser cómo resolver más rápido cada consulta y pasa a ser qué siguen buscando todas ellas en el mismo lugar.
La pregunta que queda ya no es cuántas decisiones llegan.
Después de este recorrido, contar decisiones dice poco por sí solo. Una consulta puede llegar al fundador aunque la persona tenga información, alternativas e incluso autoridad para actuar.
Lo importante es descubrir qué faltaba antes de llegar hasta usted.
A veces faltaba una autorización. Otras veces, un antecedente. Y en muchas situaciones, una forma confiable de interpretar el caso.
Cuando consultas diferentes terminan necesitando el mismo tipo de comprensión, el recorrido comienza a revelar dónde está concentrada esa capacidad.
Cuando vienen hasta usted, ¿qué están buscando realmente que todavía no encuentran en otro lugar de la empresa?
Una mirada después de la investigación
Lo que hemos aprendido de las pequeñas decisiones que llegan hasta el fundador
En Inglotec hemos visto que una consulta pequeña puede contener mucho más que una interrupción. Puede revelar dónde la empresa concentra criterio, cómo interpreta situaciones nuevas y qué antecedentes necesita reunir antes de avanzar.
Muchas de esas decisiones llegaron históricamente al fundador porque él podía responder mejor y más rápido. Esa cercanía ayudó a crecer. La señal aparece cuando el mismo recorrido comienza a repetirse en una organización que ya necesita sostener más decisiones de las que una sola persona puede acompañar.
Las decisiones pequeñas también dibujan la arquitectura real con la que una empresa comprende y actúa.
No se trata de impedir que vuelvan a llegar al fundador. Se trata de observar cuáles todavía necesitan realmente su experiencia y cuáles muestran un criterio que la organización podría comenzar a comprender y conservar de otra manera.
La próxima consulta quizá siga pareciendo pequeña. Pero puede ofrecer una nueva forma de mirar cómo la empresa está aprendiendo a crecer más allá de quien la construyó.
Continúe observando su empresa
Ahora puede observar cuánto tiempo recorren estas decisiones dentro de su propia empresa.
La investigación permitió reconocer un patrón. La Exploración Guiada le ayudará a reunir algunas situaciones habituales y construir una estimación aproximada del tiempo que las decisiones, consultas y reconstrucciones de contexto podrían estar utilizando cada mes.
Quiero estimarlo en mi empresa
Sus respuestas no se almacenan. Puede retroceder, ajustarlas y volver a calcular.
Centro de Conocimiento Inglotec
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